Desde el siglo XIX se ha tratado de medir el tamaño de los terremotos según los efectos destructivos que tuvo el sismo en el área. Antes de la invención de los sismógrafos, que sirven para determinar instrumentalmente la magnitud del sismo, se utilizaba una escala relativa de “intensidad” del terremoto. Pero esta medida no era capaz de determinar cuantitativamente la intensidad sísmica en un punto específico, ya que dependía de diversos factores, incluyendo la distancia del sitio de observación con el epicentro, la ruptura de la superficie, el mecanismo de falla y las condiciones del suelo.
Se define a la intensidad como una medida subjetiva de la fuerza del movimiento del terreno, al no ser una medida instrumental, se utiliza una escala en donde se ubica la vibración sentida en una determinada zona y un registro de los daños causados por el sismo. Es claro a mayor intensidad, mayores serán los daños ocasionados por el terremoto en la zona.
Históricamente la escala más utilizada fue creada por Rossi y Forell en 1878, pero luego Mercalli, basándose en esta, crea la Escala de Mercalli Modificada (MM) que va desde el Grado I hasta el grado XII y cada grado de intensidad va acompañado de una descripción de cómo es sentido el evento sísmico en la zona y los daños estructurales que trae consigo.

Escala de Mercalli Modificada
Hoy en día la escala de intensidad sigue jugando un rol importante debido a que, a pesar que la medición instrumental por medio de sismógrafos y acelerógrafos sea más precisa, todos los sismos anteriores a 1900 y un número considerable de eventos en el siglo XX sólo pueden ser calificados en base a su intensidad. Además, la intensidad es muy útil para realizar mapas que indiquen las Isosistas, curvas con igual nivel de intensidad a partir de observaciones de un evento particular, las cuales ayudan a identificar la forma de propagación del sismo y la ubicación del área epicentral.

Figura 1 _ Mapa de intensidad de 2 terremotos. |