La licuefacción es un fenómeno que se produce en suelos granulares y poco densos saturados de agua, debido a las sacudidas del terreno provocadas por los terremotos de moderada y gran magnitud. La licuefacción ocurre particularmente cuando el nivel freático es superficial y en zonas con lechos fluviales o rellenos artificiales.
Al ocurrir un terremoto, las vibraciones que produce el sismo hacen que el suelo poco denso se reacomode y elimine espacios de vacios, lo que hace que el agua salga por los poros. Si el suelo está confinado, por lo que el agua no podría salir, aumenta la presión de poros. La presión efectiva, que es la diferencia entre la sobrepresión y la presión de poros, se reduce a cero, por lo que el esfuerzo de corte, que es directamente proporcional a la presión efectiva en los suelos sin cohesión, se vuelve nulo y el suelo pierde toda su capacidad portante y tendrá un comportamiento parecido al de una arena movediza. El agua contenida en los espacios vacios es forzada a fluir hacia arriba, donde emerge en forma de volcanes o conos que eyectan lodo y arena. Las estructuras que se encuentren sobre suelos susceptibles al fenómeno de licuefacción sufren grandes asentamientos que pueden llegar a volcarlas.
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Si los suelos granulares poco densos están secos o parcialmente saturados, el reacomodo del suelo producido por el sismo hace que se produzcan asentamientos considerables, este fenómeno se conoce con el nombre de asentamiento sísmico o subsidencia. Sus efectos sobre las estructuras son similares a los de la licuefacción. En el terremoto de Valdivia, Chile en 1960 se produjeron asentamientos de más de 1 metro de profundidad.

Figura 3 _ Asentamientos debidos a la subsidencia del suelo, Valdivia 1960.
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